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lunes, 20 de enero de 2014

Narrativa histórica. Límites temporales

 No sacaré nada en claro, lo sé, pero recapitulemos:


Hace un tiempo, a cuenta de un relato sobre la Segunda Guerra Mundial, discutía con unos amigos si encajaba o no en el género de narrativa histórica. Para mí sí, desde luego. El episodio era histórico, el protagonista ficticio y los avatares de la trama, plausibles. Para otros, la cosa no funciona así. La razón era que todavía no han transcurrido cien años desde el conflicto de marras. El otro día lo recordé porque, hablando de las modas en la novela histórica, profetizábamos el auge que este año cobrarán las novelas históricas sobre la Primera Guerra Mundial. Se cumple un siglo desde su inicio y este es un aniversario internacional (si fuera un asunto exclusivamente patrio, se pasaría de puntillas para no molestar a cualquier colectivo pejigueras).

Y ahora veamos algunas de las posibilidades:

El plazo del siglo. Se supone que, al escribir sobre algo que ningún coetáneo ha podido vivir, se tratará el tema con mayor objetividad y su carga histórica será más «honrada». Según esto, por ejemplo, los Episodios Nacionales no entrarían en el género en el momento en el que Pérez Galdós los escribió, aunque hoy sí serían narrativa histórica. Hombre, como referencia está bien, pero no le veo mucho sentido si lo miro más detenidamente. Yo puedo escribir sobre cualquier tema que haya sucedido en Nueva Guinea hace dos años. No tengo conexión ni interés alguno allí, así que carezco de implicación. ¿Por qué iba a narrarlo más imparcial u honradamente mi tataranieto que yo? Además, el tiempo corre también en la narración y eso puede suponer un problema: volvamos al tema de la Primera Guerra Mundial. Una novela que nos hable de ella desde el principio hasta el final (1914-1919) y que se publique en 2015 será histórica hasta el capítulo siete —por poner uno—, pero no a partir de ahí. Agh. No encaja.

Otra posibilidad es considerar la edad del autor. Una variante de la anterior, creo. El tema que se trate ha de ser anterior a la venida al mundo del escritor. Según esto, por ejemplo, los Episodios Nacionales no fueron ni serán jamás narrativa histórica. Las razones del plazo del siglo valen para este, y creo que se pueden rebatir del mismo modo. Hay un problema de coherencia en estos dos supuestos, y para explicarlo me valgo de la última trilogía de Ken Follet, clasificada como histórica. La trama comienza a principios del siglo XX, con lo que se cumplirían las condiciones para considerarla narrativa histórica. Pero el tercer tomo tratará temas como la Guerra Fría, lo que resulta incompatible con las condiciones vistas. 

Vemos que poner un plazo no es fácil porque nos puede llevar a resultados absurdos. Sin embargo, no ponerlo representa el mismo problema. Si el autor no ha de atenerse a plazo alguno, bastará con que lo que escriba haya ocurrido realmente para que entre en la categoría de narrativa histórica. Aunque haya sucedido ayer. Una trama con el trasfondo de los atentados del 11S, por ejemplo. La verdad es que resulta un poco chocante ver eso como novela histórica. Además, solo dejaría fuera del concepto las novelas fantásticas, las de ciencia ficción y poco más.
  
Aparte quedarían otros matices, como que la trama principal sea de aventuras o romántica, o que los personajes principales sean ficticios o históricos. Desde luego, la cuestión se complicaría. Aunque visto lo visto y sin salirnos del plazo temporal, ¿qué más complicación necesitamos?