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lunes, 28 de octubre de 2013

Presentación de Tierra sin rey y Breve historia del feudalismo

Doble presentación medieval en el museo L’Iber de Valencia el pasado 17 de octubre. Luis Zueco con su novela históricaTierra sin reyCristina Duran y David Barreras con su obra divulgativa Breve historia del feudalismo. Ambos libros de la editorial Nowtilus. Ejerció como maestro de ceremonias el director del museo, Alejandro Noguera, y hubo debate posterior sobre la expansión transpirenaica aragonesa, la figura de Pedro II y su forma de conjugar el gobierno de un estado feudal (el condado de Barcelona) con el de otro que no lo era (el reino de Aragón).


viernes, 11 de octubre de 2013

sábado, 28 de septiembre de 2013

VENGANZA DE SANGRE en el Club de Lectura Encuentros

Siete de septiembre de 2013. Club de lectura Encuentros, secciones valenciana y malagueña. Análisis y charla sobreVenganza de Sangre en el Balneario Hervideros de Cofrentes. Un fin de semana excepcional, enriquecedor y divertido.

lunes, 10 de junio de 2013

Reseñas literarias: ¿bendición o maldición?

Aunque empecé con esto de escribir hace unos nueve años, no fue hasta 2007 cuando me vi sumergido en ese curioso mundo que es la maraña editorial. Con el tiempo y varias publicaciones, he ido adquiriendo conciencia, tal vez equivocada, del papel que juega Internet en esto. Me gustaría hablar en esta ocasión de las reseñas literarias, aunque, y esto debe quedar bien claro, lo hago DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL AUTOR.
Abro un paréntesis para decir que yo no me puedo quejar. Mucho no, al menos. Lo cierto es que las reseñas literarias que he recibido son ciertamente buenas. De todas formas, mi impresión se basa en la lectura de las reseñas de otras muchas obras, es decir, de las ajenas.
Por un lado no me parece mal, la verdad, que exista la figura del reseñador, aunque debo añadir que es quizá demasiado abstracta como para incluir en la categoría a todo el que hace una reseña literaria. Digo que no me parece mal porque el reseñador ha llegado para, en cierto modo, desbancar al crítico «profesional». Los oteros olímpicos de la alta literatura siguen gozando de ese filtro, el de los críticos, pero alguien tenía que ocuparse de las decenas de miles de obras que quedan fuera de los circuitos de la élite.


Ahora bien, tengo dos preguntas básicas: ¿existe proporcionalidad entre la categoría de un reseñador y los efectos que sus reseñas causan? ¿Existe, además, proporcionalidad entre el trabajo de un autor y el subsiguiente de su reseñador?


Me explico en cuanto a la primera pregunta: a reseñar se puede meter cualquiera. Hay gente que se diseña un blog y, sin más, empieza a diseccionar novelas. Hay otros que se integran en «cuerpos» de reseñadores y se ponen a «trabajar» para páginas literarias, revistas digitales y similares. En este segundo caso los requerimientos, en principio, parecen limitarse a que el reseñador sea previamente lector, por supuesto, y a mantener cierto compromiso de actividad reseñadora.
Y en cuanto a la segunda pregunta: sé que escribir una novela no es lo mismo hoy que hace cincuenta años. Sin embargo, la labor del autor —la de un autor que se tome en serio su trabajo, al menos— es larga y, a veces, exasperante. No parece que, a priori, sea realmente justo que un trabajo que ha podido durar un par de años se resuelva en una reseña con treinta líneas de síntesis tras un fin de semana de lectura. ¿O sí?
Haré un nuevo paréntesis para repetir que la cosa me parece muy lícita. Nadie me entienda mal: cuando uno escribe una novela y la publica, debe aceptar que puede o no gustar; y todo el mundo adquiere, con el simple gesto de pagar el importe de la obra en la librería, el derecho de opinar sobre ella con toda la profundidad que desee. El autor que no acepte esta cláusula debería limitarse a autopublicar y a repartir sus relatos entre la familia y los amigos más comprensivos.

Pero es que esto de reseñar, como he dicho, tiene consecuencias. Puede darse el caso de que yo oiga hablar de una novela, o la vea en las estanterías de algún centro comercial, y me asome a Internet para chafardear alguna opinión respecto de la obra. O sea, que si alguien ya la ha leído, me diga si va a valer la pena o no que me gaste los cuartos. Es más, reconoceré sin tapujos que en más de una ocasión me he dejado guiar por reseñas. Aunque todo hay que decirlo: siempre se ha tratado de reseñadores que conozco y en los que confío plenamente. Y aquí es donde está el «peligro» si no guardo esas precauciones: una vez me intereso por una obra, yo me asomo a Internet y busco opiniones; quizá la primera entrada que visite sea la de una reseña, y tal vez vaya yo y me crea lo que escribe el reseñador. Y cada reseñador, eso está claro, es de su padre y de su madre. Los habrá más y menos leídos, y los habrá con conocimientos técnicos en los campos que toque la novela en cuestión. Los habrá que tengan sus manías respecto de otras manías, las de los escritores.


Establecidas las posibilidades del escenario, supongamos que un autor lanza su obra y tiene la suerte/desgracia de ser reseñado por primera vez, algo que tarde o temprano llegará (de hecho muchos autores lo buscan de propósito). Sigamos suponiendo que el reseñador que ha tocado en suerte padece o disfruta de incompatibilidades con algún aspecto de método del autor, de su estilo, de su forma de afrontar la trama, de su tono, del tema de la novela… Supongamos, para seguir, que la reseña —que siempre adolecerá de subjetividad— deja la obra por los suelos o, por el contrario, la sube a un pedestal. Y esto es Internet, señores. No se trata de dos amiguetes que comentan el último libro que han leído mientras se toman un café. Las opiniones que se dan en Internet raramente se contrastan; muchísimo menos se contrasta la fuente. Y vuelan enseguida. Se distribuyen por la red mediante enlaces en otros blogs y webs y ahora también por las redes sociales, a veces en progresión geométrica. De pronto, la labor de meses o años de un autor ha sido enjuiciada, absuelta o condenada en un par de párrafos que se distribuyen a miles de kilómetros en tiempo real.
Pero volvamos un momento atrás, al «origen» del reseñador. No quiero suponer, porque esto se limitará a casos puntuales, que el reseñador tenga algo personal contra o a favor del autor. Sí me gustaría referirme a la preparación del reseñador para el trabajo y a sus propias circunstancias. Hace poco se dio cuenta de un pequeño escándalo en el mundillo al descubrir servicios “profesionales” de reseña. Es decir, que hay reseñadores que cobran por reseñar, ya del autor, ya de la editorial. Y quien paga exige, claro, más allá de la mera existencia de la reseña. Las vinculaciones entre reseñadores y editoriales pueden vestirse de otros colores. Desde la relación directa —laboral, de amistad, etc.— entre unos y otros hasta del deseo del reseñador de seguir recibiendo libros —gratis, of course— de parte de la editorial de marras. Don’t bite the hand that feeds you, decía una canción de Ratt.
Tampoco nos obsesionemos con esto. Partamos de la base de la buena fe y admirémonos del papel que juega, pues, el crítico o reseñador en el mundo editorial y hasta en el literario. ¿O es que alguien había dado por sentada su normalización? Yo no. Yo me sorprendo, sí, porque veo una enorme contradicción. La crítica literaria representa un extraño caso de «institución» que, pese a sus continuos y rematados errores, conserva sus aires de infalibilidad. Obras de la talla de Ana Karenina, Rimas y Leyendas, Hamlet, Madame Bovary… fueron despreciadas por la crítica en su momento. Un momento en el que no había Internet, porque de otra forma, a lo mejor habría cantado otro gallo y hoy seguirían siendo obras «sin ideas», «vulgares y bárbaras», «pésimas» y algunas otras de las lindezas literales con las que fueron machacadas.



Eso nos lleva a la preparación del crítico o reseñador. Las meteduras de pata de las que acabo de hablar vienen de críticos con todas las letras. De esos estudiados, vamos. Vengamos ahora al presente, cuando pegas una patada a una piedra y saltan diez escritores y quince reseñadores, y preguntémonos: ¿es mejor reseñador quien también escribe, o basta con ser buen lector? ¿Es incluso posible que los escritores no sean buenos reseñadores? ¿Quién es buen lector, y quién lo es malo? Haber hecho cincuenta reseñas ¿autoriza más a un reseñador? ¿O acaso su nivel depende del número de lectores que tiene la página/blog/revista en la que publica sus reseñas? ¿Debería cualquier reseñador empezar sus reseñas con una relación de sus «méritos literarios» para justificar la validez de su opinión? ¿Realmente afecta tanto a una novela que disponga de reseñas, sean estas buenas o malas? ¿Afecta una reseña de igual modo a una obra de Pérez-Reverte, verbigracia, y a otra de un autor novel y desconocido?


Bueno, dejo ya esta reflexión probablemente absurda y, como siempre, bastante rollera. Igual otro día sigo con los foros literarios, que a esos hay que echarles de comer aparte, je, je…


martes, 28 de mayo de 2013

Actividades andaluzas en mayo de 2013

Mesas redondas de novela histórica. Carmona, cruce de culturas y novela andalusí.
En Carmona, con José Vicente Pascual, Juan Eslava Galán, Javier Negrete y Arturo Gonzalo Aizpiri. Organizada por Hislibris. 


En Sevilla, con Teo Palacios, Francisco Gallardo, José Manuel Sánchez-Sevilla y Juan Carlos Caro. Organizada por Biblioforum.

Presentaciones en Bibliocafé (Valencia): Lorenzo Mediano, José Vicente Pascual y Jorge Molist

Jorge Molist y Tiempo de cenizas (Temas de Hoy), 9 de abril de 2013.


José Vicente Pascual y La hermandad de la nieve (Evohé), 24 de abril de 2013 (junto a Gabriel Castelló).

Lorenzo Mediano y El desembarco de Alah (Tropo), 10 de mayo de 2013.

jueves, 23 de mayo de 2013

Aniversario de la muerte de Espronceda.


El 23 de mayo de 1842 moría Espronceda. Siempre me ha gustado este fragmento suyo:

Vírgenes, destrenzad la cabellera
y dadla al vago viento.
Acompañad con arpa lastimera
mi lúgubre lamento.

Desterrados, ¡oh, Dios!, de nuestros lares,
Lloremos duelo tanto:
¿Quién calmará, ¡oh, España!, tus pesares?
¿Quién secará tu llanto?
 
Don José de Espronceda


martes, 14 de mayo de 2013

Mesas de novela histórica sin novela pero con mucha historia


De vez en cuando me invitan a una mesa redonda. Invariable y lógicamente, se trata de mesas redondas para hablar de novela histórica; así, en general, o sobre algún tema particular del género. He estado en mesas divertidísimas y en otras soporíferas. Mesas con participación del público y mesas casi unipersonales. Mesas con debate fluido y mesas boicoteadas por «anticonferenciantes» (la expresión me la descubrió hace poco Concha Perea, y viene a designar al asistente que, sentado entre el público y tal vez frustrado por no hallarse en la mesa, aprovecha el turno de preguntas para dar su propia charla de veinte minutos y, por qué no, recomendar su última novela). Bien, no es que mi experiencia sea bestial, pero ya tengo referencias para hablar de algo que me llama la atención y que seguidamente desgrano.

Vaya por delante que también he acudido como público a mesas redondas de género, tanto de histórica como de otros tipos de novela. Por poner un ejemplo, he visto mesas de novela negra en las que se hablaba de los personajes, de las tramas de corrupción, de la evolución del género… Vamos, lo normal. Supongo (o sé) que en mesas sobre fantasía, ciencia ficción, romántica o lo que sea, los temas también suelen rondar en torno a lo literario, a su relación con la realidad o con otras artes, a las últimas tendencias, etc. Sin embargo, en las mesas de novela histórica hay que tener mucho cuidado porque, si te descuidas, los componentes pasan a ser ponentes y se dedican a dar charlas históricas. Me explico: si un tipo ha escrito recientemente una novela sobre Gengis Kan, es más que probable que en su charla nos explique los pormenores geopolíticos del imperio mongol, cuáles fueron los factores económicos de su triunfo y de su caída, cómo se produjo su avance militar, qué restos arqueológicos nos hablan o callan sobre él o cuáles son las fuentes que lo describen con más fiabilidad. 

 
No es que a mí me moleste esto. Me gusta la historia, vamos, y soy capaz de aguantar según qué chapas —aunque, ya puestos, preferiría que me las diera un historiador de verdad—. En fin, asumo que el público tal vez no esté por la labor. Si yo no fuera lector de novela histórica y acudiera como público a cualquiera de estas mesas para dejarme convencer, lo más probable es que a la salida me comprara un volumen de poesía.

Ojo: no considero que se deba dejar de lado la historia. Sirve para enmarcar la trama y puede servir para enmarcar la mesa o para mostrar anécdotas suculentas y dramáticas. Pero lo cierto es que muchos autores de novela histórica se dejan llevar por un solo componente del género. Y creo que eso no es positivo, porque una de las luchas constantes de la novela histórica se libra por su dignificación como género LITERARIO.

lunes, 13 de mayo de 2013

Antes de La loba


Pequeña cronología con los hechos más importantes que tuvieron lugar antes de 1150 en la Península Ibérica. Se trata de poner antecedentes a La loba de al-Ándalus, sobre todo para quien esté interesado en el contexto histórico.



1108. Batalla de Uclés. Un ejército almorávide, especialmente reforzado por tropas valencianas y murcianas, se enfrenta a los castellanos y leoneses de Alfonso VI. El rey no puede combatir porque convalece de heridas anteriores, pero Álvar Fáñez y el infante Sancho sí luchan. Álvar Fáñez había ganado gloria junto al Cid, y Sancho, heredero del trono, era hijo de Alfonso VI y de Zayda, la musulmana pariente de al-Mutamid convertida al cristianismo. Los almorávides triunfan y el heredero Sancho muere en la lid. Esto determina un periodo de desequilibrio en Castilla y León que se agrava con las tensiones secesionistas portuguesas, y reafirma la superioridad militar almorávide en la Península. Solo dos estados musulmanes quedan fuera de la órbita almorávide: el reino de Zaragoza, en manos de los Banú Hud, y la Sahla, que pertenece a los Banú Razín. En pocos años, también ellos serán sometidos al poder africano.

Jinete ligero almorávide

1109. Muere Alfonso VI. Le sucede su hija Urraca, que está casada con Alfonso I de Aragón. Este matrimonio, no muy bien avenido, tampoco está bien visto entre muchos nobles vasallos de Urraca, lo que determina nuevas tensiones en sus reinos. Urraca tenía un hijo de un matrimonio anterior. El niño también se llama Alfonso.

1118-1120. Conquista de Zaragoza y triunfo en la batalla de Cutanda por parte de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y Pamplona. Los almorávides tienen problemas al este de la Península.

1125. Alfonso I de Aragón dirige una larguísima cabalgada por el oriente de al-Ándalus que le lleva hasta las inmediaciones de Córdoba. La presión cristiana obliga a los almorávides a colocar a un gobernador de confianza en el Sharq al-Ándalus. El elegido es Yahyá ibn Ganiyya. Ibn Ganiyya tiene experiencia bélica contra los cristianos por haberlos combatido en el todavía condado de Portugal.

1126. Muere Urraca, reina de León y Castilla. La sucede su hijo Alfonso.

1134. El gobernador de Fraga, el andalusí Saad ibn Mardánish, es sitiado por Alfonso de Aragón. Ibn Ganiyya acude en su ayuda y los cristianos son derrotados. Alfonso el Batallador morirá poco después por las heridas recibidas en combate, creando una crisis de sucesión y la separación de Aragón y Pamplona. Sin embargo, el gobierno almorávide no puede aprovechar la circunstancia porque empieza a debilitarse. La subida de impuestos para hacer frente a la amenaza cristiana ha indispuesto a la población andalusí, que además se siente oprimida y despreciada. Por si fuera poco, un nuevo movimiento rígidamente musulmán, el de los almohades, se ha levantado contra los almorávides desde el Atlas.

Caballero cristiano. El modelo también vale para el andalusí


1137. El nuevo rey de Aragón, Ramiro II, casa a su hija Petronila con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, lo que supondrá la unión de los dos estados bajo la dinastía real de Aragón. Tras ello, Ramiro se retira al monasterio del que había sido arrancado para aceptar la corona. Ramón Berenguer recibe el título de príncipe de Aragón.

1139. Batalla de Ourique. El conde Alfonso Enriquez se enfrenta y vence a un ejército almorávide. Animado por el triunfo, se declara rey de Portugal.

1143. Tratado de paz en Zamora entre Alfonso I de Portugal y Alfonso VII de León y Castilla.

1145. Los problemas se multiplican para los almorávides. Yahyá ibn Ganiyya ha dejado el gobierno del Sharq al-Ándalus y ha sido destinado al sur, donde la amenaza almohade es cada vez mayor. Lo sustituye su sobrino, Abdallah, pero los andalusíes se rebelan y lo deponen. Marwan ibn Abd al-Aziz es escogido como dirigente de Valencia. En Murcia se secunda la rebelión y se da el poder a otro andalusí, Ibn al-Hach. Estas revueltas son vistas con buenos ojos por Sayf ad-Dawla —más conocido como Zafadola, último de los Banú Hud— que está asilado por Alfonso VII de León y Castilla. Los almorávides son incapaces de recobrar el este, y se suceden los régulos con ambición de independizarse o de gobernar bajo la sumisión a Zafadola. La sucesión de revueltas termina con el andalusí Ibn Iyad como dueño de Valencia y Murcia. Ibn Iyad reconoce la autoridad de Zafadola, quien a su vez se declara vasallo de Alfonso VII. Ibn Iyad reside en Murcia, y en Valencia tiene por lugarteniente al hermano de Saad ibn Mardánish, Abd Allah.

1146. Batalla de Chinchilla. Un hecho confuso, tal vez motivado por el retraso en el pago de parias por parte de Ibn Iyad a Alfonso VII, llevó a una expedición en la que Zafadola quiso mediar. El resultado fue la muerte de Zafadola y de Abd Allah ibn Mardánish. Ibn Iyad, superviviente, es nombrado rey independiente del Sharq. Para sustituir a Abd Allah ibn Mardanish, da el gobierno de Valencia al sobrino de este, Muhammad, hijo de Saad (Saad es el que fuera gobernador de Fraga).

La Península en 1147

1147. Los portugueses, con ayuda de cruzados que se dirigían a Tierra Santa, conquistan Lisboa.Alfonso VII, ayudado por el rey García de Pamplona y el conde Ramón Berenguer IV, así como por genoveses y pisanos, conquista Almería. En la toma de la ciudad se distingue un nieto de Álvar Fáñez, Álvar Rodríguez, conocido como El Calvo. En el Sharq al-Ándalus, tras nuevas alteraciones por parte de un rebelde conocido como al-Tagrí, Ibn Iyad es herido de gravedad y, ya sea por decisión de este antes de morir, ya sea por aclamación popular, el gobernador de Valencia Muhammad ibn Saad ibn Mardánish es escogido nuevo rey del Sharq al-Ándalus. Muhammad se apresura a aliarse con el nuevo señor andalusí de Socovos, Ibrahim ibn Hamusk, y ambos estrechan sus lazos mediante el matrimonio de Muhammad con una hija de Ibn Hamusk. Este recibe apoyo del rey del Sharq para tomar Segura, de la que queda dueño. Mientras, más al sur, los almohades han logrado establecer su supremacía. El último rescoldo almorávide, Yahyá ibn Ganiyya, muere, pero sus familiares huyen y se establecen en las islas Baleares.

1148-1149. Mientras el poder de Ibn Mardánish se asienta, Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, conquista las plazas más norteñas del Sharq al-Ándalus, Lérida, Tortosa, Fraga y Mequinenza. Ibn Mardánish pacta con el príncipe de Aragón, entra en tratos comerciales con las repúblicas italianas y consigue la amistad de Alfonso VII, que se hace llamar emperador de León y Castilla y que ve en el nuevo rey del Sharq al sucesor de Zafadola.

Caballero almohade

jueves, 28 de marzo de 2013

En las I Jornadas de Novela Histórica de Granada




Gran éxito de las primeras Jornadas de Novela Histórica de Granada, organizadas por Blas Malo y coordinadas por Ana Morilla y Carolina Molina. El tema, cómo no, al-Ándalus. La Biblioteca de Andalucía presta a colaborar con las obras de los autores invitados, un público que abarrotó la sala Val de Omar a pesar de la lluvia, firmas a los lectores entre mesa y mesa, debate por los pasillos y buen ambiente general. 

La nota dominante fue la hospitalidad y, si bien nada se dejó a la improvisación, Carolina, Ana y Blas supieron torear los imprevistos. Tanto el sábado como el domingo, la cafetería Bib-Rambla agasajó a los ponentes con un desayuno-tertulia que, entre churros, porras, cafés con leche y chascarrillos literarios, servía como preámbulo para cada jornada.

La mesa inaugural contó con los tres organizadores ya citados más el director de la Biblioteca de Andalucía, Javier Álvarez, y la delegada territorial de Educación, Cultura y Deporte, Ana Gámez. A destacar en esta mesa la confesión de Blas Malo: las jornadas granadinas habían nacido por envidia de otras ciudades que contaban con sus respectivos eventos. En las horas siguientes se confirmaría que Granada debe pasar ahora a ser la envidiada.



Pero había que meterse en harina y llegó la primera mesa, moderada por el propio Blas y completada por los autores Miguel Ángel Cáliz (Horas para Wallada), Sebastián Roa (La loba de al-Ándalus) y Teo Palacios (La predicción del astrólogo). El tema de la mesa: al-Ándalus, tierra de narradores y poetas. Cada autor habló de los diversos escenarios que en sus novelas nos hacen evocar los versos andalusíes. Hubo debate con el público acerca de las licencias históricas y la forma de estructurar el trabajo de novelar. A destacar en esta mesa: el buen humor y la fluidez en la comunicación entre autores y público.




La segunda mesa estaba presidida por Carolina Molina y compuesta por Blas Malo (El esclavo de la Al-Hamrá), Javier Guillén, apasionado experto en jardines andalusíes, y Juan Manuel Martín, que nos habló de los encuentros y desencuentros entre el arte musulmán y cristiano. Y es que esta mesa estaba dedicada a al-Ándalus: la construcción de un sueño. Los retazos de historia desfilaron entre las descripciones arquitectónicas de la Alhambra y los arriates salpicados de flores. Si algo destacó en esta mesa, fue sin duda el entusiasmo de los ponentes, auténticos enamorados del arte andalusí.

Terminó la sesión mañanera y hubo comida (excepcional) en el restaurante-asador Centro de Granada, en plena plaza Bibarrambla. Allí se alargaron los debates, como es habitual en estos casos, hasta que, sorprendidos por lo rápido que pasa el tiempo cuando se está a gusto, hubo que volver a la Biblioteca de Andalucía.






La única mesa de la tarde estaba dedicada a Granada y la novela histórica actual. La moderó Ana Morilla y estuvo compuesta por Carolina Molina (Noches en Bib-Rambla y otras), Miguel Ángel del Arco, editor de Comares, en nombre del desaparecido Felipe Romero (El segundo hijo del mercader de seda) y José Luis Gastón (La muladí). Empezó como un rendido homenaje de Carolina a Granada como tema universal de la novela histórica y siguió con un emotivo recuerdo de Miguel Ángel a la obra de Felipe Romero; luego decayó un poco mientras varios oyentes y uno de los ponentes se enzarzaban en un debate muy fatuo, algo excluyente y poco literario. A destacar la oportuna y apasionada intervención de la cantante marroquí Amina Alaoui, presente entre el público, que nos devolvió a todos al ambiente andalusí que debía dominar las jornadas.




Y para regresar a la lucidez, esta primera jornada se cerró con la actuación de Verso Vivace. Poesía y música andalusí y cristiana en muy buena y emocionante armonía. Acto seguido partimos hacia el restaurante Ruta del Azafrán, en plena Carrera del Darro y con unas vistas impresionantes de la Alhambra nocturna. No creo que hubiera nadie capaz de terminárselo todo ni de decir qué plato fue el más exquisito.

El domingo se bautizó con la cuarta mesa, dedicada a los detalles en la escritura de la novela histórica. Guiados por Blas Malo, los sevillanosFrancisco Gallardo (La última noche) y Manuel Sánchez-Sevilla (El enigma de las seis copas) se encargaron de pasearnos por sus respectivas experiencias al afrontar la aventura de crear ficción histórica. De nuevo se retomó el debate con el público acerca de la estructura de la novela, y se incidió en el papel de los médicos musulmanes y en su reflejo tanto cronístico como narrativo. A destacar una vez más la interacción entre autores y oyentes, que era uno de los objetivos prioritarios de estas jornadas.




La última mesa fue filológica. La moderó Carolina Molina y se contó con las lúcidas ponencias de Ana Morilla y Remedios Sánchez. Ambas se encargaron de diseccionar el concepto de novela histórica, intentaron acotar el género y nos ilustraron con toda una serie de obras fundamentales para entender la novela histórica tanto en general como por los derroteros que sigue en la actualidad. Incluso hubo una lista de lecturas básicas para todo aquel que pretenda embarcarse en esta locura de ficcionar la historia. Como colofón, toda una reivindicación sobre el sistema educativo actual, tan ineficaz a la hora de sacar talentos narrativos como de crear lectores. A destacar la soltura de ambas ponentes, el amplio dominio del tema y su facilidad a la hora de transmitir. 




Y al igual que el sábado, el domingo nos trajo otra bonita actuación. El grupo de danza oriental Al-Farashat distribuyó arte desde el escenario con sus bailes andalusíes y la simpatía de sus cuatro componentes. Tras las rondas de aplausos, los tres gurús de estas jornadas comparecieron para clausurar el evento y quedar muy, pero que muy bien.



De matrícula de honor: la hospitalidad de nuestros anfitriones, que estuvieron al quite y que de forma previa a las propias jornadas cargaron sobre sus hombros un ingente trabajo de organización. Y sobre todo supieron llevar a buen fin una aventura con la que nadie —y repito: nadie— se había atrevido en Granada.

De suspenso: la nula presencia de y en los medios de comunicación convencionales (no así otros, como la revista digital La espada en la tinta, que no se perdió ni una mesa) a pesar de que dichos medios habían sido oportunamente avisados. El fin de semana, la noticia estrella de los diarios granadinos era el macrobotellón que se había celebrado el viernes en la ciudad. Ni una sola columnita perdida para las jornadas.



Charla en la Escuela de Música de Teruel

Invitado por su director, Antonio Civera, acudí a Teruel a participar en la semana medieval organizada por la Escuela de Música con la colaboración de la Librería Escolar de dicha ciudad. Allí se habló de la novela histórica medieval, de por qué nos gusta, qué nos evoca y adónde nos lleva. Buen rato pasamos.


jueves, 7 de febrero de 2013

Presentación de LA LOBA DE AL-ÁNDALUS en Fnac Murcia





De la mano de la hislibreña y murcianica Akawi, el rey Lobo, Zobeyda y el resto de personajes han desembarcado en la que fuera capital del Sharq al-Ándalus. Aproveché para visitar algunos escenarios por aquello de sentir los pelos como escarpias.

¿Sabíais que esta forma de construir es única? El estilo mardanisí crea rincones entre torres cuando los lienzos de las murallas se encuentran. La firma de la casa del rey Lobo.