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lunes, 29 de diciembre de 2014

Leamos al-Ándalus



Hace casi un par de años participé en las primeras Jornadas de Novela Histórica de Granada. Las jornadas, que encaran ya su cuarta edición, se desarrollan alrededor de temas centrales, y en aquella inauguración le tocó el turno a al-Ándalus. Me viene a la cabeza la intervención de uno de los ponentes en una mesa redonda que trataba de la relación entre Granada y la novela histórica andalusí. El hombre, granadino, arrancó su intervención con una especie de reproche hacia el tema principal: que estaba ya un poco cansado de al-Ándalus, decía. Que Granada era mucho más que eso. Supongo que resulta inevitable que lo andalusí invada todos los rincones en el que fue el último baluarte de aquel largo y rico periodo de nuestra historia. Puedo incluso llegar a comprender el hartazgo del ponente, pero en este caso tengo la ventaja (que constituye desgracia en casi todos los demás casos) de no ser granadino. Y por eso afirmo que todavía queda mucho que hablar sobre al-Ándalus.

Alcazaba de Málaga



También me viene a la cabeza mi época de estudiante. Y el interminable tocho de Historia del Derecho Español. Incluso algunos conceptos de derecho prerromano, o las particularidades del derecho germánico que nos trajeron los godos. El altomedieval, la recepción del derecho común… El derecho romano contaba con una asignatura ad hoc. O varias según el plan de estudios. Pero lo que más recuerdo fue el momento en el que llegué al derecho musulmán y, tras hojear las tres o cuatro páginas del manual dedicadas al tema, lo dejé estar. No en vano el rumor común era que jamás había caído ese sistema jurídico en convocatoria alguna. Así pues, lo normal era pasarlo por alto. Como si no hubiera existido.



Pero existió. Al-Ándalus pasó de verdad. Nos pasó a todos, y es algo más que tres o cuatro vagos conceptos acerca de la pobre Florinda, Medina Azahara, la Alhambra y el mudejarismo. Son siglos que determinaron en gran medida lo que hoy somos y que consituyen una singularidad en nuestro entorno geopolítico. En cierta ocasión, hablando con amigos sevillanos, me lamentaba yo de que mi ciudad, Valencia, renegara de su pasado andalusí mientras que en otros lugares, como la propia Sevilla, ese pasado reluce casi tanto como el sol del que goza. Y lo curioso —les decía yo a estos amigos— es que, en tiempo efectivo y si nos ponemos puristas, Valencia fue andalusí más tiempo que Sevilla.

Afortunadamente, aquí están las novelas históricas andalusíes, que se han convertido en vehículo impropio de ese conocimiento. Impropio, digo, porque la novela no debería encargarse de enseñar Historia. Pero es lo que hay, y no está mal aprovecharlo. Con un poco de suerte, el cine y la televisión seguirán la estela y aprovecharán el camino que ha abierto la serie Isabel para visitar, entre otros, el periodo andalusí. Método también impropio, pero repito: es lo que hay. No es de recibo que los fanáticos del Estado Islámico reivindiquen nuestro pasado más que nosotros mismos, ¿verdad?



Pues a disfrutar de la ficción para apreciar nuestra historia.


lunes, 22 de diciembre de 2014

Se acerca El ejército de Dios


Hace seis años, con Venganza de sangre ya terminada, me hallaba sumergido en la planificación de mi siguiente novela. Tenía entre manos una trama de ambiciones cruzadas, un reino olvidado por la historia y unos cuantos personajes de los que se podía sacar mucho, mucho partido. Sin embargo, una picazón cósmica me sobresaltaba de vez en cuando. Había algo más. Algo que se reveló cuando pude retroceder un paso y contemplé en perspectiva el proyecto. La verdad es que me dio un poco de vértigo. Los sucesos que sacudieron nuestra tierra desde mediados del siglo XII son en realidad el comienzo de una epopeya, y esta alcanza su desenlace mucho después del punto y final en La loba de al-Ándalus.

No me seducía la idea de escribir una trilogía. No al menos una al uso, en la que fuera necesario leer cada novela para enfrentarse a la siguiente. Descarté esta opción porque no quería tramas partidas ni personajes a medio evolucionar. Me planteé entonces una serie temática. Libros independientes, con distintos protagonismos y tramas autoconclusivas. Novelas que se movieran a lo largo de ese periodo estremecedor, decisivo y lleno de paralelismos con el actual. Busqué —y encontré— personajes con fuerza, que pudieran servir de vehículo para ir más allá de la historia y reflejar las pasiones humanas. ¿Acaso no esa la función de una novela?


Bien, pues después de La loba de al-Ándalus, aquí llega El ejército de Dios.
Año 1174…






sábado, 22 de noviembre de 2014

Va de portadas


De sobra conocemos la importancia de una portada. Es lo primero que ve el lector —lo segundo si toma el libro puesto de lomo desde una estantería—. Tal vez no sea el factor más persuasivo, pero sí que puede ser disuasorio. Y ojo, porque cuando uno se topa por primera vez con un libro del que no tenía noticia, se las tiene que ver con dos de los tres elementos básicos de una portada: ilustración y título. Hoy me ha dado por analizar las portadas de mis novelas. Que de todo hay.

Casus belli



Escuadrilla de F-16 para este experimento político-bélico con ilustración de Txema de Prada. Resulta bastante indicativo de lo que puede uno encontrarse en sus páginas.
En cuanto al título, casus belli es una expresión latina que se traduce por «causa de guerra». Curiosamente, escogí el título de la novela antes de escribirla, cosa que no suele resultar habitual y que nunca he vuelto a hacer. Cosas de novato. Tenía claro que la trama de esta novela se centraba en una guerra que resulta improbable —por no decir imposible— en la vida real, así que mi mayor problema estribaba en buscar una causa verosímil para desarrollarla en la ficción.

El caballero del alba



La fotografía de portada de esta primera edición fue obra del fotógrafo Diego Hernández, y previamente formó parte de una exposición relativa a los Amantes de Teruel, «La ruta del amor». El modelo en este caso es Ivan Lorente, que dio vida a Diego de Marcilla en una de las ediciones de las Bodas de Isabel de Segura, la recreación de la leyenda que se celebra anualmente en Teruel. El castillo del fondo es el de Zafra, de titularidad privada y situado en la provincia de Guadalajara.
Como El caballero del alba verá una reedición dentro de un tiempo y de mano de Ediciones B, es más que seguro que también habrá cambio de portada.
¿Y el título? Pues se trata de mi primera novela «caballeresca», en el sentido de que la motivación principal del protagonista, desencadenada por el amor, viene del esfuerzo por cumplir la palabra dada. Quien quiera saber por qué este caballero es «del alba», tendrá que leer la novela.

Como curiosidad, mientras la escribía le asigné el título provisional Crónica de cinco años, que conservé como subtítulo en la edición de Delibrum Tremens.

Venganza de sangre


Como novela que también ha sido objeto de ediciones diferentes, posee dos portadas. La primera, diseñada para Tropo, es obra de ÓscarSanmartín, un artista que da toque de autenticidad y marca de imagen a la editorial. Entre otras cosas, resulta una ilustración bastante estudiada históricamente. Incluso el espadón tiene su porqué.


La segunda imagen se usó para la edición de bolsillo que lanzó Ediciones B. Aunque sin la fuerza artística y documental de la primera, conserva la esencia temática del guerrero y la espada. Me quedo con la primera, como casi todo el mundo.
En cuanto al título, Venganza de sangre es mi segunda novela caballeresca: con protagonista que de nuevo se ve obligado por su deber, en este caso la institución medieval de origen germánico de la blutrache, o venganza de sangre. Aparte de la indudable referencia dramática, la novela contiene mis propias reflexiones sobre la utilidad de la venganza y las formas de hacer justicia.

La loba de al-Ándalus


La portada es obra de Alejandro Colucci, no puede negarse. Tanto los elementos como el tono son firma de la casa. Aparte de la bella andalusí que manda en la ilustración —una enigmática Zobeyda que hurta la mirada— y de los guerreros que discurren al pie, existe un símbolo básico de la novela escamoteado en las celosías: la estrella de ocho puntas que constituye el blasón lobuno del Sharq al-Ándalus.
El título provisional de esta novela fue siempre Rey lobo. Pero el señor Eslava-Galán tuvo a bien publicar una novela con ese título mientras yo me hallaba en plena escritura. Tanto la trama como el tema de esta no tienen nada que ver con los de aquella, pero yo me vi obligado a cambiar mis planes. Y dado el protagonismo femenino de mi querida Zobeyda, la solución se revelaba fácil.


martes, 7 de octubre de 2014

Taller de novela histórica «Escribe la historia (y hazlo bien)»




Mejora tu técnica de escritura y aprende con los novelistas históricos valencianos Gabriel Castelló, Santiago Posteguillo y Sebastián Roa.




Detalles prácticos

10 sesiones grupales de 2 horas + 1 sesión extra - Precio: 195€

Los lunes de 19.00 a 21.00 - Comienzo: 13 de octubre - Fin: 22 de diciembre





Sesión 1: Introducción a la novela histórica (Gabriel Castelló) – 13/10/14

• ¿Qué es y qué no es novela histórica?

• ¿Por qué escribir novela histórica? Motivaciones para la escritura

• Utilidad y relevancia del género

• Obras maestras de la ficción histórica

• Empezando: aspectos a tener en cuenta

• Veracidad y verosimilitud, el equilibrio clave



Sesión 2: La contextualización histórica (Gabriel Castelló) – 20/10/14

• La Historia como base para la ficción

• Periodos históricos más propicios para la novela

• Cómo encontrar una buena idea para una narración histórica

• El balance entre historia y narrativa. Evitar el exceso de historicismo

• Utilización del trasfondo histórico como telón de fondo




Sesión 3: Documentándose (Santiago Posteguillo)- 27/10/14

• ¿Qué es la documentación para una novela histórica?

• Fuentes principales y secundarias

• El proceso de documentación: planificación y ejecución

• ¿Cuánto debe durar? ¿Hasta dónde debemos investigar?

• Ejemplos prácticos en mis novelas





Sesión 4: El andamio de la ficción: tramas y subtramas (Sebastián Roa) – 03/11/14

• Escritura planificada vs. Sin planificación

• Planificando la novela: estructura general

• Trama principal y tramas secundarias

• Partes, capítulos, escenas

• Cómo enhebrar las diferentes líneas de trama. Ejemplos prácticos de mis novelas

• Revisión breve de escritos de los alumnos




Sesión 5: Construcción de personajes reales y ficticios (Santiago Posteguillo) – 10/11/14

• Personajes históricos vs. Personajes ficticios

• Protagonistas y secundarios

• Cómo construir un personaje verosímil

• Las fichas de personajes

• Ejemplo práctico: Algunos de mis personajes

• Revisión breve de personajes de los alumnos




Sesión 6: Cómo construir diálogos amenos y verosímiles (Sebastián Roa)- 17/11/14

• El diálogo como herramienta de escritura

• Cuándo utilizar los diálogos

• Acotaciones correctas e incorrectas

• El lenguaje en los diálogos históricos. Adaptación al lector moderno

• Ejemplos de diálogos en mis novelas

• Revisión breve de diálogos escritos por los alumnos




Sesión 7: Descripciones basadas en los hechos y lugares históricos (Santiago Posteguillo) – 24/11/14

• Las descripciones como elementos de una novela

• Claves a tener en cuenta en una descripción histórica

• Descripción de una batalla, una ciudad, el vestuario, etc.

• Lenguaje llano vs. Lenguaje técnico

• Ejemplos prácticos de mis novelas

• Revisión breve de escritos de los alumnos





Sesión 8: Estilo, Voz y Ritmo narrativo (Sebastián Roa) – 01/12/14

• Estilo narrativo: ¿cómo elegir el más adecuado?

• Tipos de narrador y el punto de visto a la hora de abordar una novela

• Las voces del escritor y del narrador

• Cómo adecuar el ritmo narrativo: acción, descripción, el tiempo cronológico y el tiempo narrativo

• Algunos ejemplos en mis novelas

• Revisión breve de escritos de los alumnos




Sesión 9: Cómo evitar los principales errores en una novela histórica (Gabriel Castelló) – 15/12/14

• Errores más frecuentes en la novela histórica

• El diablo está en los detalles: la comida, la ropa, las construcciones, las armas, etc.

• El lector común vs. El lector experto

• Cómo evitarlos: el proceso de revisión

• Algunos ejemplos de errores memorables

• Revisión breve de escritos de los alumnos





Sesión 10: Cómo publicar tu novela (Mauro Guillén) – 22/12/14

• Opciones de publicación

• Edición por una editorial: proceso

• Autoedición: una realidad actual. Autoedición digital y en papel

• Otras opciones: los premios literarios




Sesión 11 Extra: Encuentro con un escritor – Fecha a determinar

• Encuentro con el escritor de novela histórica Antonio Penadés para compartir sus experiencias, conocer su liturgia literaria, explorar sus libros.








¿Quién lo imparte?

Santiago Posteguillo, filólogo, lingüista, doctor europeo por la Universidad de Valencia, es en la actualidad profesor titular en la Universitat Jaume I de Castellón donde ejerció como director de la sede en dicha universidad del Instituto Interuniversitario de Lenguas Modernas Aplicadas de la Comunidad Valenciana durante varios años. En la actualidad imparte clases de lengua y literatura inglesa, con atención especial a la narrativa inglesa del siglo XIX, el teatro isabelino y la relación entre la literatura inglesa y norteamericana con el cine, la música y otras artes. Ha estudiado literatura creativa en Estados Unidos y lingüística y traducción en diversas universidades del Reino Unido. Autor de más de setenta publicaciones académicas que abarcan desde artículos de investigación a monografías y diccionarios especializados, en 2006 publicó su primera novela, Africanus, el hijo del cónsul (2006), primera parte de una trilogía que continúa con Las legiones malditas (2008) y La traición de Roma (2009). En 2011, Los asesinos del emperador, su penúltima novela, quedó finalista en los Premios de la Crítica Literaria Valenciana. En septiembre de 2012, se ha publicado el volumen “La noche en qe Frankenstein leyó el Quijote” donde el autor repasa algunos de los enigmas literarios más sorprendentes de la historia. En 2013 publica «Circo Máximo», la segunda parte de su trilogía sobre Trajano y en octubre de 2014 ve la luz «La sangre de los libros», un nuevo ensayo con un fascinante recorrido por los enigmas más famosos de la literatura.

Sebastián Roa (1968), aragonés de nacimiento y valenciano de adopción, compagina su labor en el sector público con la escritura. Alumno de Literatura Creativa de Santiago Posteguillo (2009), ha ejercido como jurado en varios certámenes de relato histórico y es colaborador habitual en eventos literarios. Asimismo ha participado como autor en diversas antologías de relato. Es autor de las novelas Casus Belli (thriller político-bélico, Delibrum Tremens, 2007) El caballero del alba (novela histórica, Delibrum Tremens, 2008), Venganza de sangre (novela histórica, Tropo 2009, con prólogo de José Luis Corral; Ediciones B, 2012) y La loba de al-Ándalus (novela histórica, Ediciones B, 2012). Su obra Venganza de sangre venció en el II certamen de novela histórica Comarca del Cinca Medio y, en 2010, mereció el premio Hislibris al mejor autor español de novela histórica. En 2011, Sebastián Roa fue el ganador del IX certamen nacional de relato histórico Álvaro de Luna con el relato medieval Cantar de Altabella. Su próxima novela será publicada por Ediciones B en 2015.

Gabriel Castelló (1972) es escritor y ejecutivo de ventas en una compañía líder del sector de las telecomunicaciones. Entró fuerte en el mundo editorial con su primera publicación, 'Valentia, las memorias de Cayo Antonio Naso', una historia de aventuras ambientada en la Hispania romana durante la revuelta de Quinto Sertorio. A raíz del éxito que obtuvo con dicha novela, actualmente imparte talleres de literatura creativa en Valencia y colabora asiduamente en varios medios digitales con artículos sobre la antigua Roma, como www.historiasdelahistoria.com, la revista 'Stilus' de la asociación Hispania Romana o el blog literario-histórico www.arquehistoria.com. 
El autor mantiene un blog en el que publica regularmente todas sus colaboraciones, así como muchas otras más curiosidades de la Antigüedad clásica que nos va descubriendo en sus viajes por todo el Mare Nostrum: gabrielcastello.blogspot.com.es. VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS nos muestran la antigua Hispania desde la rebelión de Sertorio a la de Sexto Pompeyo bajo la visión de los Antonio, ciudadanos de Valentia. VALENTIA, DEVOTIO y PRINCEPS contienen entre sus páginas muchos de los momentos más apasionantes y dramáticos que vivió la joven Perla del Turia desde sus primeros años de vida allá por el siglo I a.C. hasta la gran persecución de principios del siglo IV d.C.

Mauro Guillén, abogado de formación y editor de profesión, lleva más de 20 años dedicado a la edición de publicaciones, trabajando y colaborando tanto con editoriales privadas como institucionales. Coordina además las publicaciones del colectivo Generación BiblioCafé y asesora en la edición a los alumnos de los talleres literarios de BiblioCafé, Escuela de Escritura.

lunes, 19 de mayo de 2014

LAS TRECE VIRTUDES DE LA NOVELA HISTÓRICA

La novela histórica goza de una mal merecida mala fama. Los autores que se dedican a ella se revuelven con toda la razón ante las críticas que se vierten desde sectores ajenos pero también, y esto resulta más sangrante, de parte de algunos novelistas históricos que pretenden poner de manifiesto carencias inexistentes o poco notorias con el único afán de promocionarse —generalmente, los hipercríticos aseguran no cometer los fallos que reprochan— y por el españolísimo sistema de desmerecer al prójimo para convertir la propia mediocridad en destacada supremacía.




Pero dejemos aparte los vicios, que para eso ya hay enumeraciones a dolor y películas de Brad Pitt, y fijémonos en las virtudes. Las que convierten a la novela histórica en un género tan respetable como cualquier otro, e incluso equiparable a esa literatura que algunos despojan de referencias «genéricas». Vayamos, pues, con esas virtudes:


1.- Buenos argumentos. El novelista histórico actual no permite que la historia tome las riendas de la trama. Lo que escribe es, ante todo y sobre todo, novela, por lo que se esfuerza en la creación de hilos argumentales, tramas y subtramas que nada tienen que envidiar a ningún otro género. Si a esto sumamos que hay que encajar la parte dramática en la parte histórica, no nos quedará más remedio que valorar el doble esfuerzo. Un buen ejemplo sería El nombre de la rosa, cuya trama policíaca trasciende a unos hechos históricos en los que, sin embargo, cuadra como las piezas de un puzzle; o las Últimas pasiones del caballero Almafiera, donde la peripecia vital del protagonista se come con patatas un evento tan brutal como la batalla de Las Navas de Tolosa. ¿Eco y Eslava-Galán pasan de argumentos? Hoy no: mañana.

2.- Supeditación de la historia a la ficción. Como consecuencia de lo anterior, la parte sustantiva de la novela histórica es la ficción. A los autores les sobra capacidad para lograr el equilibrio en ambos aspectos pero, en caso de conflicto, saben que lo que están escribiendo es novela, no ensayo, ni artículo científico ni libro de texto. Podemos fijarnos en la Bizancio de Sender o en El macedonio de Guild; la una plagada de licencias, el otro con minimización de carga histórica: ambos de gran valía literaria.


3.- Respeto por el lector. El lector actual de novela histórica es exigente y, por lo común, goza de un buen nivel cultural e intelectual. Es por eso que el autor lo trata con respeto, sin endosarle textos facilones ni escribir mera divulgación para parvulitos. Muestras de ello son la saga marinera de O’Brian o las recreaciones de la Hispania republicana de Castelló.


4.- Equilibrio documental. Es mucha la documentación que ha de consultar un buen novelista, pero también es consciente de que la mayor parte de ella no aparecerá en su obra final. Sabe perfectamente que un dato atractivo pero inútil no puede jamás estorbar a la tensión dramática. Veamos la prueba en la espectacular Salamina de Negrete, donde el dominio de la época nunca frena el ritmo de la trama ni choca con su parte dramática.


5.- Coherencia temporal. El novelista histórico asume que escribe para sus coetáneos. Sería ridículo novelar la Roma imperial en latín o que Waltari hubiera escrito Sinuhé el egipcio sobre papiro. También sabe que un lector profano no tiene por qué conocer cómo son una lorica hamata o un almajaneque. Por eso procura esa información de forma natural y solo en la medida en que sea necesaria para la comprensión y el nivel de verosimilitud, o usa términos antiguos a los únicos efectos de evocación y de creación de un ambiente propicio a la suspensión del juicio lector. Un ejemplo perfecto sería la trilogía de Escipión y Aníbal escrita por Santiago Posteguillo.

6.- Dominio de la trama. El novelista histórico sabe que una historia atractiva mantiene el ritmo. Los núcleos y las catálisis se suceden de forma eficaz y creciente hacia el clímax, y se logra además que cada subtrama experimente un proceso similar de escalada dramática. Quien no lo crea, que se atreva con Puertas de Fuego, de Steven Pressfield, novela cuyo final conoce todo lector que se asoma a ella antes de zambullirse en una historia difícil de abandonar.

7.- Variedad histórica. Por definición, la historia es pasado. Escribir solo novelas que abarquen desde el final de la edad media hasta la actualidad sería como vivir de postres e ignorar las fabes con almejes, la paella valenciana o el cocido madrileño. Esta es una cuestión poco menos que matemática, pero no óbice para que haya excelentes obras cuyas tramas se desarrollan en tiempos recientes o autores que se mueven entre centurias. Buena prueba son, respectivamente, las novelas históricas de Pérez-Reverte que recrean el siglo XVII o la guerra de la Independencia, y la capacidad para saltar de época en época de que gozan Corral o Irisarri.

8.- Valentía. El novelista histórico no se arredra ante nada y sabe que a los dioses les agrada la variedad. Tan buena es la machada americana de Lope de Aguirre como las conjeturas sobre la misteriosa pérdida de la IX legión al norte del Muro de Adriano. En realidad, y aunque muchos no se percaten, el tema histórico es lo de menos si la ficción posee calidad. Y puestos a comparar, ¿qué más da si un rey macedonio llega hasta el Indo en el Alexandros de Manfredi o si un puñado de espartanos se plantan en Cantabria en la Okela de Santamaría?

9.- Más valentía. Escribir en primera persona sobre un personaje de primera línea es recurso socorrido, aunque no por ello menos meritorio, pues exige un esfuerzo documental mayor y, contra lo que se rumorea por ahí, un nivel superior en la técnica narrativa. Sin embargo no es raro que se escoja a alguien «secundario» para aportar un punto de vista original, distinto y enriquecedor. El buen novelista histórico —y los hay a paladas— se atreverá con ambas opciones. ¿Una muestra de esto último? El Ibn Ammar de Palacios en La predicción del astrólogo. ¿Mas? Los Banú Qasi de Aurensanz o el Icorbeles de Pellicer en El espíritu del lince.

10. Maximización. El buen novelista histórico ofrece lo mejor. Dejar que un evento fundamental en la historia pase de largo por una novela es pecado mortal… a no ser que la trama lo exija. Es muy probable que haya lectores interesados en las peripecias históricas de un esquimal en Laponia el seis de junio de 1944, pero lo cierto es que, para otros, el tipo se está perdiendo la juerga en la playa. Aun así, el intimismo y la épica «cotidiana» son ingredientes imprescindibles a veces, y no ausentes de las obras históricas actuales. Véanse La muchacha de Catulo de Barceló o La hermandad de la nieve de Pascual.

11.- Un montón de valor más. Escribir es fácil en la actualidad. Hacerlo bien no lo es. Autores con carencias hay muchos en novela histórica, es cierto. Como en romántica o en negra, que son géneros con tirón y, por tanto, a los que todo dios quiere apuntarse. Sin embargo, los buenos novelistas históricos saben que cada proyecto exige doble dedicación porque, aparte de la creación literaria, habrá de dedicar no pocas horas a la documentación y otro porrón más a encajar ambos aspectos. Y cuando hablo de documentación me refiero a obras serias, por supuesto. La Wikipedia es para cobardes. Pero no me crean a mí. Lean a Balbás o a Malo y consideren si ese nivel de conocimiento lo dan gratis con las bolsas de patatas fritas.

12.- Profesionalidad. El buen novelista histórico (y repito que vivimos una época feliz) no es ningún mindundi que se ha leído cuatro panfletos y se lanza a la piscina sin recursos. Al contrario: domina el diseño de personajes, construye tramas que parecen autopistas, se documenta igual que un catedrático, revisa hasta la extenuación y mejora día a día. ¿Cómo se explica, si no, que un «novato» en novela histórica como Gallardo sea capaz de crear una maravilla narrativa del tamaño de La última noche? ¿Quién y cómo se criticará a Druon por haber escrito su saga de Los reyes malditos o a Delibes por haber creado El hereje?

13.- Dos más dos son cuatro. Los malos novelistas suelen recurrir a una excusa tan vieja como el negocio: «los editores no quieren calidad y por eso me rechazan». Discutible hasta la saciedad, pero nadie se arriesga a publicar sobre la base de una portada llamativa o el prólogo de un autor renombrado si no tiene esperanzas en el resultado final. Lo contrario sería pan para hoy y hambre para mañana. Seamos lógicos: una editorial no contrata a un ilustrador tan reputado como Colucci para crear la portada de Las puertas de seda si no confía en la calidad de Olalla García. 





He leído catálogos que afirman lo contrario de esta enumeración, y que incluso recurren a subterfugios macroeconómicos para justificar que uno tenga que publicar en la editorial de su barrio porque el buen artista será siempre un muerto de hambre, no un vendido a las modas o a la industria. No nos engañemos: cuando el interfecto llega a Planeta o a R. H. Mondadori, el criterio editor adquiere un sorpresivo buen gusto y los lectores se vuelven de lo más inteligente. Desgraciadamente, a la nómina de buenos novelistas históricos la acompaña otra de resentidos que se empeñan en rebajar el género a la categoría de subgénero facilón, cutre y de Wikipedia. No hay problema: para ver las estrellas necesitamos que el espacio sea oscuro.

martes, 6 de mayo de 2014

¿Quieres ser escritor? Son sesenta euros.

    Hoy he visto un anuncio curioso. Se trata de una charla de un par de horas titulada «Descubre en una tarde cómo ser escritor».

    Con dos cojones y un tambor, oiga. Ya no es «Adelgace diez kilos en una semana», «Domine el punto de cruz en quince días» o «Construye tu propio Ferrari Testarossa en veinte fascículos. De regalo con el número uno, tu volante con el caballito».

    A ver, el título del anuncio tiene truco, espero. Supongo que el objetivo será atraer público para un taller de literatura creativa. En una tarde descubrirás que, para ser escritor, tienes que hacer el taller. Vale, y leer un huevo, pasar años escribiendo, progresar, publicar, caerte, levantarte, conseguir una voz propia, un nivel… Se trata de esto, seguro. Aunque puntualizo algo, y es que después de todas las lecturas, escrituras, caídas, recuperaciones, publicaciones, años y más años, no me queda claro no ya en qué momento se convierte uno en escritor, sino cuándo descubre cómo se llega a serlo.

    El caso es que, de un tiempo a esta parte, ser escritor se ha devaluado hasta la altura de las suelas y amenaza con cavar para hacer un buen hoyo y bajar más aún. Hace unos años, el concepto de escritor era ciertamente respetable. Oía uno la palabra y le venían a la mente apellidos como Delibes, Sender, Vargas Llosa, García Márquez… Eran otros tiempos, desde luego. Escribir una novela, o incluso un relato, suponía un esfuerzo que nada tiene que ver con las actuales comodidades en procesamiento de textos, edición, acceso a la documentación, publicación online… Pero aunque todo esto hubiera existido, imperaba cierta vergüenza torera. Quedaba bien claro que escribir —uno, dos, cinco libros— era una cosa, y convertirse en escritor, otra. Solo el tiempo (mucho) y el reconocimiento público (más aún) podían hacer que alguien que escribía pudiera considerarse escritor.

    Luego, cuando el futuro llegó y la gente empezó a publicar a dolor, se convertía uno en escritor con haber sacado una novela, aunque fuera en la editorial de tu barrio. Parece que eso de ver tu obra en el escaparate de una librería te hacía cruzar una línea, y ya podías codearte con Vázquez Figueroa y asentir con media sonrisa cuando leías en una entrevista cuáles eran sus rompimientos de cabeza, porque te identificabas con él y ay, qué te iban a contar a ti.

    Después se desató la debacle amazónica y ser escritor se abarató. Ya no dependía de que te aceptara una editorial tras seleccionar tu manuscrito entre tropocientos más. Tú escribías tu libro, lo colgabas en la red y voilà: ya eras escritor. A estas alturas, la cosa amenazaba con invertir términos: había casi más escritores que lectores.

    El siguiente nivel, un paso más hacia la vulgarización del asunto, era el ponerte a ello:
—Soy escritor —decía alguien.
—O sea, genial de la muerte —contestabas tú—. ¿Qué obras has publicado?
—Estoy escribiendo una novela. Llevo siete años con ella, pero me queda poco para acabarla.
—No, no —le corregías—. Te pregunto qué has escrito antes.
—¿Antes? Nada. Antes no era escritor.



    Qué tiempos. Ahora eso ya no cuenta. Ahora basta con proponértelo. Si quieres escribir, eres escritor. Da igual si no tienes idea de cuáles son las reglas de puntuación de los diálogos, o si no ves muy clara la diferencia entre tema y trama o si lo máximo que has leído en tu vida es el QMD. La inauguración oficial de tu oficio se produce cuando abres tu perfil de Facebook y cumplimentas tu ocupación con un «escritor». Ya lo siguiente es mandarle tweets a Pérez-Reverte en los que le llamas «colega» o «compañero de letras». También puedes aprovechar tu dilatada experiencia y tu prestigio en el mundillo, diferir un poco más el pequeño detalle de empezar a escribir un libro y convertirte en profesor de escritores. Supongo que cuando tienes la clase llena, enseñas a tus alumnos a abrir su perfil de Facebook y les indicas dónde tienen que poner su nuevo título oficial: «Escritor». Luego ya, si eso, escribimos algo. Son sesenta euros.

viernes, 28 de marzo de 2014

Presentación de EL CORAZÓN DEL BAMBÚ, de Pablo Tobías, en Valencia

El pasado 27 de marzo acompañé a Pablo Tobías en la presentación de su primera novela, El corazón del Bambú. El acto fue organizado por María Vicenta Porcar y tuvo lugar en el Ámbito Cultural, El Corte Inglés de Valencia, ante un centenar muy largo de asistentes.
 PresenTobías
Se contó con la colaboración de todo un elenco de artistas en diversas disciplinas: Mila Villanueva, con su aporte poético a través del haiku; Javier Lucas, que puso la banda sonora con su Shakuhachi y presentó su pieza El corazón del bambú, compuesta para la ocasión; y los actores Carmen Rochina y Voro Guzmán, que escenificaron tres cortes de la novela. En todo momento acompañados por las componentes de la asociación Nippon no Michi, ataviadas con kimonos tradicionales. Después llegó la presentación formal de la novela con debate incluido. Referencias continuas al cine, a Japón, a las artes marciales y al crecimiento personal.
 El-corazón-del-bambú
El corazón del bambú (Planeta, 2013) cuenta la aventura de Laura, flamante campeona de España de Kendo. Con un estilo inmediato y muy visual (no en vano el autor ha trabajado y trabaja como guionista en series como Amar en tiempos revueltosAmar es para siempre o Ciega a citas), Pablo Tobías nos traslada al Japón recién azotado por el catastrófico tsunami de 2011. Laura se enfrentará al reto de la vida y la muerte a través de un país devastado para buscar a su amor, Isamu, en el corazón de la tragedia.

Charla sobre Muret en el ciclo Nuestras batallas olvidadas, en L'Iber

En el museo L’Iber, siempre activo en el campo cultural, mantiene activo su ciclo de conferencias Nuestras batallas olvidadas. Un recorrido por hitos de la historia española que no debemos, no podemos olvidar.
 Ciclo batallas
El pasado 26 de marzo llegó mi turno para hablar sobre la batalla de Muret. El 12 de septiembre de 1213, Pedro II de Aragón se enfrentó a Simón de Montfort en las cercanía de Toulouse, en un encuentro tan relacionado con las guerras de religión como con el proceso de formación de los estados europeos.
MuretLiber
Alejandro Noguera, como siempre, presentó el acto. La charla discurrió apoyada por mapas, diagramas e ilustraciones sobre el contexto geopolítico, estrategia, táctica, equipamiento de guerra medieval, causas, órdenes de combate y consecuencias de Muret.

La exposición se completó con un animado debate en el que el público demostró que, afortunadamente, aún queda gente no solo interesada, sino versada en nuestra historia.
Liber

Presentación de EL GENERAL MALDITO, de Javier Arias Artacho, en L'Iber.

El pasado cinco de marzo acompañé a Javier Arias Artacho en la presentación de su última novela, El general maldito, en L’Iber, museo de los soldaditos de plomo, en Valencia. El acto contó con la introducción histórica habitual a cargo del director del museo, Alejandro Noguera, y con el también habitual debate posterior y vino de honor a cargo de bodegas Murviedro.
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El general maldito es una fuerte apuesta de la editorial La esfera de los libros, y también la de un autor que llega avalado por su anterior éxito, Eitana, la esclava judía. Se trata de una de esas obras que nos obliga a replantearnos el propio concepto de novela histórica. Una trama de suspense, policíaca en algunos aspectos e incluso con tintes de narrativa negra, todo ello enmarcado por la campaña romana de pacificación de Judea en el siglo I d. C. Una muestra de lo que puede dar de sí la riqueza del género.

Presentación de LAS GUERRAS DE ELENA, de Marta Querol

El pasado 26 de febrero acompañé a Marta Querol en la presentación de su última novela, Las guerras de Elena, en Torrente. El acto fue organizado por la asociación cultural Torrent de Paraules, contó con la colaboración de Vicenta Porcar y estuvo rematado por una emotiva velada poética. Aunque lo mejor fue presentar a esta autora a la que, además de admirar, guardo un montón de cariño.

Las guerras de Elena (Ediciones B, 2014), es la continuación de El final del ave fénix. La serie recorre la lucha personal de Elena Lamarc desde los duros años de la posguerra civil hasta nuestros días. Con un estilo directo, sencillo y muy efectivo, la autora dibuja una trama in crescendo, perfectamente equilibrada y repleta de giros sorprendentes, en la que destacan la viveza y la capacidad de evolución de sus personajes. Con esta obra, Marta Querol se consolida como una de las autoras destacadas en el panorama literario español.

sábado, 22 de febrero de 2014

Valencia en la novela histórica. Mesa redonda en una tarde redonda

La librería El Cresol a reventar. El público, tan sufrido como amante de la cultura, ocupando cada rincón y luchando contra el calor. Un debate que arrancó con los hitos dignos de novelarse en la historia valenciana y que discurrió por el objetivo lúdico y/o didáctico del género hasta los problemas editoriales de la actualidad o los hábitos lectores de los españoles. Intervenciones muy buenas entre los asistentes y el buen humor habitual. La conclusión: hay que escribir para leer sobre Valencia, pero también hay que leer sobre Valencia para que se escriba sobre ella.

El organizador del acto, Vicente Hernándiz, con los componentes de la mesa: Santiago Posteguillo, Gabriel Castelló y Sebastián Roa. Foto de Ana Martínez

domingo, 16 de febrero de 2014

Mesa redonda: Valencia en la literatura

La cita es a las 20:00 del viernes, 21 de febrero, en El Cresol, la librería de Patraix. Calle Humanista Mariner, 5. Valencia. Los novelistas Gabriel Castelló, Santiago Posteguillo y Sebastián Roa debatirán entre ellos y con el público. El tema principal es la aparición de Valencia en la novela histórica, pero como suele ocurrir en estos eventos, nadie sabe hacia dónde discurrirá la discusión. 


lunes, 20 de enero de 2014

Narrativa histórica. Límites temporales

 No sacaré nada en claro, lo sé, pero recapitulemos:


Hace un tiempo, a cuenta de un relato sobre la Segunda Guerra Mundial, discutía con unos amigos si encajaba o no en el género de narrativa histórica. Para mí sí, desde luego. El episodio era histórico, el protagonista ficticio y los avatares de la trama, plausibles. Para otros, la cosa no funciona así. La razón era que todavía no han transcurrido cien años desde el conflicto de marras. El otro día lo recordé porque, hablando de las modas en la novela histórica, profetizábamos el auge que este año cobrarán las novelas históricas sobre la Primera Guerra Mundial. Se cumple un siglo desde su inicio y este es un aniversario internacional (si fuera un asunto exclusivamente patrio, se pasaría de puntillas para no molestar a cualquier colectivo pejigueras).

Y ahora veamos algunas de las posibilidades:

El plazo del siglo. Se supone que, al escribir sobre algo que ningún coetáneo ha podido vivir, se tratará el tema con mayor objetividad y su carga histórica será más «honrada». Según esto, por ejemplo, los Episodios Nacionales no entrarían en el género en el momento en el que Pérez Galdós los escribió, aunque hoy sí serían narrativa histórica. Hombre, como referencia está bien, pero no le veo mucho sentido si lo miro más detenidamente. Yo puedo escribir sobre cualquier tema que haya sucedido en Nueva Guinea hace dos años. No tengo conexión ni interés alguno allí, así que carezco de implicación. ¿Por qué iba a narrarlo más imparcial u honradamente mi tataranieto que yo? Además, el tiempo corre también en la narración y eso puede suponer un problema: volvamos al tema de la Primera Guerra Mundial. Una novela que nos hable de ella desde el principio hasta el final (1914-1919) y que se publique en 2015 será histórica hasta el capítulo siete —por poner uno—, pero no a partir de ahí. Agh. No encaja.

Otra posibilidad es considerar la edad del autor. Una variante de la anterior, creo. El tema que se trate ha de ser anterior a la venida al mundo del escritor. Según esto, por ejemplo, los Episodios Nacionales no fueron ni serán jamás narrativa histórica. Las razones del plazo del siglo valen para este, y creo que se pueden rebatir del mismo modo. Hay un problema de coherencia en estos dos supuestos, y para explicarlo me valgo de la última trilogía de Ken Follet, clasificada como histórica. La trama comienza a principios del siglo XX, con lo que se cumplirían las condiciones para considerarla narrativa histórica. Pero el tercer tomo tratará temas como la Guerra Fría, lo que resulta incompatible con las condiciones vistas. 

Vemos que poner un plazo no es fácil porque nos puede llevar a resultados absurdos. Sin embargo, no ponerlo representa el mismo problema. Si el autor no ha de atenerse a plazo alguno, bastará con que lo que escriba haya ocurrido realmente para que entre en la categoría de narrativa histórica. Aunque haya sucedido ayer. Una trama con el trasfondo de los atentados del 11S, por ejemplo. La verdad es que resulta un poco chocante ver eso como novela histórica. Además, solo dejaría fuera del concepto las novelas fantásticas, las de ciencia ficción y poco más.
  
Aparte quedarían otros matices, como que la trama principal sea de aventuras o romántica, o que los personajes principales sean ficticios o históricos. Desde luego, la cuestión se complicaría. Aunque visto lo visto y sin salirnos del plazo temporal, ¿qué más complicación necesitamos?