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miércoles, 19 de enero de 2011

Entrevista en el Somontano

Enlace a la entrevista en la Revista Ronda Somontano

Sebastián Roa: “No pretendo enseñar historia, sino contar historias emocionantes”


Sebastián Roa, ganador del II Premio de Novela Histórica ‘Comarca del Cinca Medio’, presenta su novela a las 19.20 h. en el marco de la Feria del Libro Aragonés, en la nave de la Azucarera de Monzón. Editada por Tropo Editores, se da a conocer la novela del premio convocado por el Centro de Estudios de Monzón y Cinca Medio y la Comarca con las condiciones de que estuviera ambientada en este territorio y versara sobre el fin de la orden del Temple. Roa nació en Teruel en 1968. Ha cursado estudios de Derecho y Ciencias Policiales por la UNED y la Universidad de Salamanca. Dedicado a la seguridad pública, abandonó pronto su Teruel natal para desarrollar su trabajo por toda España. En la actualidad reside en Valencia. En 2007 publicó su primera obra, “Casus belli”, un thriller de ficción política y bélica y en 2008 salió a la luz su segundo trabajo, “El caballero del Alba”, novela histórica basada en la leyenda de los amantes de Teruel.
¿Por qué escogió precisamente el siglo XIII de la Corona de Aragón para ambientar su novela?
El final del siglo XIII y principio del XIV marcan la eclosión de la Corona de Aragón desde su ámbito inmediato de influencia. Es la época en la que Aragón se convierte en una máquina diplomática y militar que extiende su influencia por todo el Mediterráneo. Nunca antes ni después de esta aventura expansionista tuvimos los aragoneses tanta importancia en la historia.
¿Es una época poco conocida de la historia de Europa?
La Edad Media lo es en general, y la de Aragón en particular. Los derroteros que tomaron los reinos medievales españoles han llevado a centrar la atención sobre Castilla, obviando la apasionante aventura que la Corona de Aragón llevó a cabo. Es una época en la que se forjan identidades y se crean los gérmenes de los estados. Somos lo que somos gracias a griegos, romanos, godos, musulmanes…, y también a esos aragoneses medievales que asombraron al mundo de su época.
¿Se documenta mucho en su trabajo o prima más la inventiva fabuladora?
Me gusta fijar un cimiento documental riguroso, y sobre él edificar la novela ayudándome de la imaginación. No me gusta contradecir a la historia, y eso requiere un arduo trabajo de documentación y un esfuerzo extra a la hora de diseñar la trama para que todas las piezas encajen. Sin embargo, la novela histórica es ante todo novela, y creo que la tensión dramática debe llevar el mando de la narración. No pretendo enseñar historia, sino contar historias emocionantes, por eso no dudo en usar mi imaginación tanto para rellenar lagunas como para crear núcleos de acción atractivos.
¿Qué hay de mito y qué de verdad en las leyendas de los templarios?
Me temo que mucho de mito y poco de verdad. Los templarios fueron hombres normales que dedicaron sus esfuerzos a la fe y a la guerra, y que vivieron en una época en la que la superstición dominaba la imaginación de la gente. Se convirtieron en herramientas muy valiosas para los reyes cristianos y ganaron así prebendas y riqueza. La orden alcanzó poder, y para colmo fue objeto de una persecución innoble y dramática. Son los ingredientes necesarios para sembrar todo ese esoterismo que rodea al Temple y que no creo que case para nada con su espíritu real. No me gusta todo ese ocultismo artificial y traído de los pelos con el que se ha manchado a los templarios, a los cátaros, a los masones, a las reliquias…
¿La Corona de Aragón fue una potencia imperial como después lo fueron España, Inglaterra o Estados Unidos?
No, desde luego. Aunque creo que hay ciertos detalles que nos dan más mérito a los aragoneses. España basó su imperio en el poderío militar, Inglaterra lo hizo en el dominio de los mares y Estados Unidos en su potencia económica. Es más fácil cuando nadie puede plantarte cara: cada uno de esos tres imperios se alzó cuando su posición era predominante en la época respectiva. La Corona de Aragón, sin embargo, luchó en su momento contra estados y poderes que la superaban. Francia, Castilla, el Papado o las repúblicas italianas competían en condiciones de superioridad, obstaculizaban nuestra empresas y se aprovechaban de nuestra debilidad económica. Veo a los aragoneses del siglo XIV más bien como a los macedonios de Alejandro Magno. Dirigida por hábiles líderes, como Roger de Lauria y Roger de Flor, la Corona se enfrentó siempre a enemigos correosos usando de genialidad estratégica, pericia naval y muchos redaños. Creamos un imperio, sí, que al igual que el de Alejandro se alargaba sobre los mapas. Pero como el del macedonio, el nuestro no era capaz de sustentarse por mucho tiempo. Eso sí, ahí queda el legado.
Además de los acontecimientos políticos e históricos, en Venganza de sangre hay una trama de aventuras. ¿Qué escritores o qué tradiciones literarias le han influido más a la hora de construirla?
Soy lector de novela histórica y cada buen escritor, desde Corral a Manfredi, ha debido dejar una pequeña impronta en mí. Me reconozco admirador rendido de Pérez-Reverte. Me encanta el estilo histórico-aventurero de sus novelas. Steven Pressfield es también uno de mis referentes, y últimamente, como otros, he descubierto a Santiago Posteguillo. Y, eso sí, nunca dejo de lado la tradición trágica y épica de la antigüedad clásica. Venganza de Sangre tiene mucho de tragedia griega espolvoreada de epopeya homérica.

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