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miércoles, 19 de enero de 2011

Venganza de sangre en Monzón


Como dijeron Óscar Sipán (editor de TROPO) y Francho Nagore (Académico de la Lengua Aragonesa), «has de estar orgulloso de la hija que has tenido».

Esa hija era en esta ocasión Venganza de Sangre, la novela que vio la luz al público durante la Feria del Libro Aragonés de este año. Concretamente el día cinco de diciembre, en la localidad de Monzón. Era la segunda vez que viajábamos a la ciudad cinqueña a cuenta de Venganza. La primera había sido para recoger el premio concedido por el jurado del certamen de novela histórica Comarca del Cinca Medio 2009.

La verdad es que, cuando hay buena voluntad, todo suele salir bien. Buena voluntad es la que tenían todos los que, de un modo u otro, conspiraron para que pasáramos un par de jornadas de lo más agradable en Monzón. Desde Eduardo Pueyo, el consejero de Cultura de la Comarca, hasta el técnico de patrimonio, Jaime Peralta, que no se separó de nosotros. Francho Nagore, atento como siempre y derrochando elogios a la novela. Óscar y María José, los defensores del castillo en que se había convertido el stand de Tropo. La presencia del escritor Lorenzo Mediano, con el que en cuanto podía me enzarzaba en alguna conversación sobre lo que fuera: Filipinas en el ‘98, arquería medieval o documentación para novelas negras. La bandera turolense plantada por Nalvay y la espiniana Melodía en Alabama (Teruel, a pesar de todo, también existe en las ferias literarias).


La presentación tuvo lugar a las 19:30 horas, resbalando un poco de la programación prevista. Con un éxito de público inesperado, Pueyo comenzó su turno mirando, sorprendido, por encima de las cabezas de los asistentes. Un olifante atronaba la feria y un grupo de sujetos cubiertos de hierro se abría paso entre la gente. Armado de ferruza, Darío Español (que pronto presentará su obra Non Nobis, Domine: los ángeles caídos) explicó antes de nada que algo tenían ellos que decir allí, y acto seguido hubo resonar de hierros, espadazos, tajos de hacha y encomiendas al Altísimo. Y es que, con permiso de José Antonio Adell (primer y último templario de Monzón), lo que allí se conmemoraba, entre otras cosas, era el 700º aniversario de la caída de la orden del Temple.

Expliqué tras los sucesivos y merecidos agradecimientos de qué va la novela. Hablé de un caballero de Ejea, y de flotas aragonesas, de viajes por mar y tierra, de Valencia, de Barcelona, de Zaragoza. De ancestrales derechos de venganza que se convierten en pesadas cargas, de obispos, infantes, almogávares, templarios y reyes. De lo emocionante que es la historia de nuestros antepasados y de que puede ser una excusa para entretenerse con una novela de aventuras salpimentada de romanticismo, intriga, política palaciega, erotismo y reflexión. Y no puedo dejar de agradecer a todos los que estaban presentes que Venganza de Sangre haya sido, al final, toda una labor de equipo. Un equipo del que también forman parte el escritor e historiador José Luis Corral, autor del prólogo, Óscar Sanmartín, el genial ilustrador que ha diseñado la portada, o el buen José Ángel Sánchez, de la Universidad de Zaragoza, al que espero conocer personalmente por fin un día de estos.

Luego llegaron las firmas y el orgullo de ver a la gente acercándose al stand para sopesar la novela (que no es fina precisamente) y llevársela con la ilusión de pasar un buen rato de lectura.


De modo que se trató de un bonito bautismo para esa tercera hija literaria. Todo un placer viajar a Monzón. Porque es fácil dejarse querer por aquella gente tan amable, que nos recibió como si en lugar de turolenses fuéramos montisonenses. Y aunque todo esto no deja de traerme recuerdos amargos, por aquello de los profetas y las tierras, no puedo terminar sin decir que ese pedazo de castillo enriscado estará ya siempre unido a nuestro ánimo, aparte de venganzas de sangre, premios literarios y tostadas con longaniza de Graus.

En fin, ya está la novela llegando a las estanterías. Han sido unos dos años y medio de documentación, escritura, reescritura, cambios de estructura, modificaciones de trama, adiciones de subtramas, corrección tras corrección... En Casus Belli me dejé llevar por las ganas de experimentar. Con El caballero del Alba me pudo el amor por una leyenda de mi tierra, y Venganza de Sangre guarda en su trama toda una experiencia personal. Escribir no es sólo un ejercicio divertido y aleccionador: muchas veces es válvula de escape para tormentas que descargan en el alma de uno. Es posible (y hasta probable) que aquellos que me conozcan se sonrían al leer algunos de los episodios por los que discurre la novela. Normal. Cada experiencia te hace evolucionar y ayuda a definirte, y al fin y al cabo, igual que los hijos se asemejan a sus padres, los libros acaban conteniendo mucho más de lo que parece de sus autores.

Y mientras la novela se venga de sus fantasmas, vayamos a lo que importa ahora: la próxima es aquí, en Valencia. El genial Santiago Posteguillo hará de maestro de ceremonias de la siguiente presentación de Venganza de Sangre. El lugar, el ya imprescindible Bibliocafé. El momento: las siete de la tarde del próximo domingo, 19 de diciembre (el 19 a las 19). Os espero.


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